“Ese es el gran valor que le veo a este trabajo. Abrir y mostrarnos que las cosas no son como se supone que siempre han sido y que por lo mismo pueden ser de otra forma”.

 

PRÓLOGO

La imposibilidad de responder a la pregunta qué es la Católica

por Álvaro Bley

En esta ola de neoliberalismo que afecta al fútbol y a muchos clubes del mundo, pensaba, más allá de lo dramático que es que llegue alguien desde muy lejos, como China o Arabia Saudita o Rusia a quedarse con tu equipo, a quedarse con algo que te pertenece, y que no solo te pertenece, sino que es algo con lo que creciste, con lo que sentiste miedo y tristeza y alegría, y que ha determinado tu vida y uno supone que la seguirá determinando, porque es como tener un hijo y un padre al mismo tiempo, porque te enseña y te guía, pero a la vez se manda solo y compite con los hijos de las otras personas del país y del mundo.

 

Es raro, es difícil de explicar la relación de un hincha con su equipo, pero no es el tema del prólogo ni del trabajo presentado, así que más allá del drama, más allá de lo terrible que te quiten algo que forma parte de ti, también pensaba en qué cosa uno se agarra para saber que enfrente de uno, que cuando estái en el estadio y vái a ver a tu equipo, qué te hace saber que en la cancha está tu equipo de fútbol y no otro.

 

Parece obvio y evidente que cada vez que voy a ver a jugar a la Católica es la Católica la que está jugando. Pero, así como van las cosas, pareciera que lo obvio no es tan obvio, porque de repente jugamos con una camiseta gris y con shores rojos que no tienen nada que ver con nada de la historia de Católica. Ya, pero fue solo un cambio de polera en un momento en particular y uno dice “sí, ya”, pero también hay varios equipos que han cambiado de escudo, que han cambiado de giro social y así como vamos en cualquier momento se meten marcas a los nombres de los equipos y quizás nos llamemos Universidad Movistar Católica. Pienso que podría pasar, no lo veo como algo imposible. La U estuvo a punto de que la universidad no cediera su nombre y escudo, y entonces qué hubiera sido, un equipo totalmente nuevo, que se llamara solo U y con un escudo diferente y los hinchas qué hubieran hecho, ¿hubieran seguido siendo hinchas de ese equipo totalmente renovado?

 

No tengo respuesta a la pregunta sobre qué es lo que identifica a un equipo, qué es lo que lo hace reconocible. Porque las barras y algunos teóricos dicen que son los colores, pero de repente nos presentamos con un calipso e igual sabemos que es la Cato y no le hacemos la desconocida. Nos enojamos y pensamos “no puede ser”, pero igual sabemos que es Católica la que está jugando, entonces no es tan fácil de determinar. Porque, por otro lado, la U, por ejemplo, y perdón por volver tanto a ese equipo para realizar este prólogo, no tiene estadio, y más allá de las burlas y las torpezas institucionales que les ha significado esa falencia, desmiente el mito de que uno se apega a un espacio para ser hincha de un equipo, que también es algo que a veces observan los académicos, que la vida barrial o de ciudad condiciona el apego a un club.

 

Viendo la investigación que se ha hecho en este trabajo me dio un pequeño temor. Una incomodidad más bien, porque uno espera que el mundo se mantenga dentro de unos márgenes esperables y a partir de ahí uno va haciendo su vida, con la certeza de que la micro va a pasar y me va a dejar en la esquina de la farmacia que queda cerca de mi casa, por ejemplo, o que el escudo de la Católica siempre va a ser igual, entonces el tatuaje que me hice en el omóplato nunca va a dejar de referir a la UC. Pero esta investigación nos muestra que las cosas no siempre han sido así, que el escudo de la Católica no siempre fue igual y que la camiseta no siempre ha sido igual y que quizás si vamos un poco más allá, lo que significa el equipo no siempre ha sido igual. Eso me da la incomodidad de lo incierto, de no vivir en la certeza, pero también me gusta, porque da cuenta del cambio, de que, como dice Jorge González, nada es para siempre, y la posibilidad de cambio es real y las utopías quizás no son tan utópicas. Las camisetas cambian, los escudos cambian, los sistemas económicos cambian; toda construcción humana está habilitada para el cambio.

 

Pero esto me remite nuevamente a la duda inicial: ¿qué hace que sepamos que es la Católica la que está jugando? Porque si sabemos que las camisetas cambian, que los escudos cambian y que quizás los nombres cambian, ¿qué hace que sepamos que el equipo que está jugando es la UC, es la misma UC que se fundó en 1927, y que ese equipo no murió en, por ejemplo, 1973, cuando todo Chile cambió intempestivamente, y también los dirigentes de Católica cambiaron, teniendo otra visión del club, modificándole el rumbo drásticamente? Creo que no tengo respuesta. ¿Qué pasa si aparece un equipo amateur, en la tercera división, que dice representar a la Universidad Católica y que juega con la camiseta blanca y la franja azul? ¿Tendría que ser hincha de ese equipo? No lo sé.

 

Ese es el gran valor que le veo a este trabajo. Abrir y mostrarnos que las cosas no son como se supone que siempre han sido y que por lo mismo pueden ser de otra forma. Y eso hace que se me llene la cabeza de preguntas, que desconfíe del mundo en el que existo y que me dé la sensación que estoy vivo.